Fondo Peyrotte

Llegado misteriosamente por correo el 24 de enero de 2022, esta colección de 42 partituras manuscritas de los años 1920 procedente de la antigua URSS, es única en su género

 

Estas partituras, escritas por la mano de un copista ruso (como lo demuestra el uso del cirílico en distintos títulos de piezas), contienen principalmente canciones folclóricas en yiddish, compuestas entre otros por Joel Engel o Moshe Milner (Main harz tsugeiht in mir, A dudke…) y cantos hebreos (Ani hadal, Modeh ani…). También encontramos un arreglo original del himno sionista Hatikva, firmado por Alberto Hemsi en persona indicando el lugar y la fecha de composición: Esmirna, 1919.

Más allá de la calidad excepcional de estas partituras que perduraron durante el siglo 20 y que viajaron miles de kilómetros antes de llegar al Institut Européen des Musiques Juives, fue la manera cuyos documentos nos fueron entregados que nos sorprendió más. En efecto, un día de éstos hemos descubierto, abriendo nuestro buzón, un cartón que contenía decenas de páginas de partituras manuscritas. Escritas en caracteres latinos y en cirílico, hemos observado que se trataba en gran medida de canciones yiddish. En muchas páginas, un nombre que suena eslavo aparecía regularmente. Pero al mismo tiempo, no había nada, ni papel ni un mensaje deseando buena recepción, o explicándonos de dónde vienen las partituras. Sólo aparecían una inicial, un nombre y la dirección del emisor. Así que pusimos nuestro gorro de detective, salimos la lupa y la pipa, y empezamos nuestra investigación. ¿De dónde venían estas partituras?

Tenemos la suerte de estar conectado hoy en día con el mundo entero, y gracias a las redes sociales, pudimos encontrar nuestro misterioso emisor. Un tal Bernard Peyrotte, responsable de la librería musical Arioso situada calle de Roma en París. Cuando ordenó su sótano, lleno de partituras, encontró un cartón conteniendo nuestros hermosos manuscritos. Dotado de sentido común y conociendo el Institut Européen des Musiques Juives, nos envió los documentos, sabiendo que era sin duda el mejor lugar para conservarlos y hacerlos accesibles.

Contactado por teléfono, nos contó que por desgracia no sabía nada de estas partituras y que una persona se las había dado hace 10 o 20 años.

Así que siguió la investigación…

Gracias a las redes sociales, pudimos hablar con los mejores conocedores del folclore judío, y asquenazí en particular, de los Estados Unidos. Después de numerosos intercambios y envíos de fragmentos de partituras, pudimos deducir que la mayor parte de las partituras eran obras no autógrafas de Joël Engel, llamado también «el verdadero padre fundador del renacimiento moderno de la música judía».

La investigación está muy avanzada, pero no terminada. En efecto, muchas preguntas quedan sin resolver hasta ahora. ¿Quién transcribió estas partituras? Datan sin duda de la época de Joël Engel, pero la escritura no parece suya. ¿Quizás era uno de sus amigos o colegas, un admirador o músico? ¿Y cómo llegaron a París? ¿Quién las depositó en esa biblioteca de música? ¿El misterio permanece intacto. Pero por ahora, estas partituras están a salvo, digitalizadas, ordenadas y accesibles en nuestro catálogo en línea.

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